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Vamos a poner un caso muy real. Se trata de las vacaciones de una familia (los… Pérez, por poner un caso). Son afortunados, pues se pueden permitir irse una semana a, digamos, París. Con que, tras planificarlo durante unos meses, allá van mamá, papá y los nenes, a conocer la Ciudad de la Luz (eso creen los padres: en realidad se van a pasar cuatro días sin salir de Eurodisney, con los niños, y otros tres encerrados en el hotel, por las lluvias. Pero esa es otra historia).

El caso es que, dentro de la planificación que hicieron los Pérez, no tuvieron en cuenta un detalle básico: se acercaron a la ciudad en coche, sí, pero decidieron que ya era bastante esfuerzo para la cuenta bancaria irse a París como para encima pagar una semana de aparcamiento en el aeropuerto. Con que dejaron el vehículo en la calle, se subieron a un autobús para llegar al aeropuerto y, hala, a disfrutar.

Esta parte, por tópica, nos interesa menos: Papá Pérez, Mamá Pérez y sus Perecitos pasándoselo en grande los primeros; los chicos que no se cansan; los papis que sí… y al séptimo día, para alivio de los padres y llanto de los hijos, regresan. Al fin.

Bus del aeropuerto a la ciudad. Se acercan, arrastrando unas maletas cargadas de ropa sucia y figuritas de Mickey, Donald y los Golfos Apandadores (Nena Pérez siempre ha admirado a los políticos), a donde está su coche y…

¿Dónde está su coche? Ese armazón sin ruedas, asientos, volante, motor ni muñequito de Elvis no puede ser su Mercedes… Es ahora cuando los Pérez se dan cuenta de que deberían haber entrado en http://royalparking.es/ y haber reservado su plaza de aparcamiento casi en el mismo aeropuerto, por sólo 25 euros y con todos sus servicios, entre los que se encuentra (¡ay!) el de vigilancia las 24 horas…