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El viejo y cansado Ulises arribó a la costa, al fin. Sus diez años de travesía por el mar parecían terminar mientras hallaba tierra, firme tierra bajo sus pies. Y en el Canto III de la Ilíada esto es lo que se decía: “Más quisiera pasar numerosas fatigas y penas y a mi casa volver y esperar la ocasión del regreso, que morir al llegar a mi hogar”.  

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Ítaca, Ulises, su odisea y los cantos de las sirenas forman parte de la bella historia mitológica y literaria de los que hoy habitamos el mundo, y sigue sorprendiendo. Ese deseo, ardor, pasión inapagable que consumen al marinero y rey por dejar de navegar entre aguas confusas, la fuerza incontenible que le empuja año tras año en un total de diez para regresar a su hogar… siguen inspirando cuando uno lee la Ilíada.

 

Por eso viajar a las Islas Griegas permite empaparse de ese misterio de cultura antigua, permite descubrir lo recóndito de los pequeños pedazos de tierra que saludan al mar y que son bañados por el Egeo como cuando en época de Homero debieron de ser bañadas. Las Islas Griegas son uno de los destinos imperdibles que todo viajero debe alcanzar al menos una vez, porque tienen mucho que ofrecer.

 

Y así como las Islas Griegas resultan atractivas cual sirena cuando de destinos turísticos se trata —no en vano es uno de los preferidos de los viajeros— se aparece natural que la forma ideal de alcanzar esa tierra sea a bordo de un crucero a Islas Griegas.
Hay razones objetivas, por supuesto (comodidad, placidez, belleza de un viaje por mar, experiencias a bordo…) pero sobre todo la razón que prima es puramente subjetiva. Vivencial, más concretamente. A menudo lo que nos llevamos de un viaje no es nada concreto ni material sino más bien una sensación y una forma de sentirnos mientras estábamos en el camino. Eso es lo que ocurre con las Islas Griegas. A bordo de un crucero a Islas Griegas podemos sentir algo de esa poderosa ansia de arribar que empujaba al rey Ulises a través de los años y de las mareas, albiramos esa preciosa tierra antes de desembarcar y tomar contacto con la siempre sorprendente realidad. Las mejores experiencias a menudo se componen de piel y de sensaciones intangibles y sin duda descubrir lo que las Islas Griegas guardan para el viajero, a lomos de un crucero, parece la mejor opción de transporte de todas las posibles. Porque es mucho más que un mero transporte.