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crucero-grand-holidayLa adoquinada plaza Burg toma su nombre de la primera estructura urbana que tuvo la ciudad: una fortaleza con foso, o burcth, de mediados del siglo IX, construido por los francos para protegerse de los vikingos. En el siglo XI se construyó la residencia de los condes de Flandes.

En la época de los Borgoña, sus gobernantes buscaban barrios más lujosos y dejaron la plaza Burg a finales del siglo XIV para trasladarse a Prinsehof, al otro lado de Brujas. En esta plaza se pueden contemplar todos los estilos arquitectónicos que han marcado la ciudad: del románico al gótico, el renacentista, el barroco y el neoclásico hasta el mismo pasaje peatonal del siglo XXI, construido en 2002 por Toyo Ito. Este arquitecto japonés creó el pabellón que conmemora el año en que Brujas fue Capital de la Cultura Europea.

El edificio del Ayuntamiento, construido a finales del siglo XIV es una obra maestra del gótico flamígero, llena de detalles cargados de esplendor, aunque originalmente los colores eran más intensos. Está adornado con los escudos de armas de las ciudades de la zona, y numerosas estatuas que representan a santos y a nobles brujenses.

A la capilla superior de la Basílica de la Santa Sangre, se llega desde fuera por una escalera de caracol situada detrás de la fachada, y que se terminó de construir en 1534; donde se guarda la reliquia de la Santa Sangre.

Durante ocho siglos, estos restos han atraído peregrinos a Brujas. Se trata de una ampolla en la que se dice hay sangre de Cristo, recogida por José de Arimatea tras su crucifixión. Derrick de Alsacia, conde de Flandes, la trajo desde Jerusalén en 1149. Encerrada en una ampolla de cristal, cada tarde se muestra al público para ser venerada.

El Museo Groeninge es el punto culminante de cualquier visita a Brujas. Oculto tras un jardín fuera del Dijver, muestra la evolución del arte en los Países Bajos entre los siglos XV y XXI. Aquí se encuentran obras de los antiguos pintores o Primitivos Flamencos.

Se llamaba así a los artistas que trabajaron en Flandes durante el siglo XV y principios del XVI. Los historiadores del siglo XIX los llamaron “Primitivos”, no porque les faltara sofisticación, sino porque desarrollaron una técnica pictórica en la que utilizaban más óleo que témpera. Fueron admirados por los pintores italianos de la época, y su estilo constituyó un puente entre el arte medieval y el del Renacimiento.

Afortunadamente, todas estas maravillas pueden ser admiradas, junto con otras del norte de Europa, haciendo un crucero con excursiones programadas por los países que la componen.